Un rayo de sol

María Gálvez del Castillo Luna. Oceanógrafa y ambientóloga.
Un rayo de sol

Desde que en 1988 el científico James Hasen alertara públicamente sobre los efectos del Cambio Climático han pasado treinta años. Treinta años de larga travesía por el desierto, treinta años de estudios científicos, pero también, treinta años de luchas dialécticas contra escépticos y negacionistas y, en palabras del propio James Hasen “lo único que hemos hecho es reconocer que tenemos un problema. Lo reconocimos en 1992 y lo volvimos a reconocer en París en 2015. Lo que no hemos hecho es acordar cómo solucionarlo”.

En la actualidad, el Cambio Climático y sus efectos son una realidad incuestionable, y tras años de estudios ha transcendido al fin el ámbito de la investigación científica para ocupar un lugar en la agenda política y la conciencia ciudadana. En el documento de síntesis del Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), se confirma que la influencia humana en el sistema climático es clara y va en aumento y sus impactos se observan en todos los continentes y océanos. El IPPC confirma, con un 95% de certeza, que la actividad humana es actualmente la causa principal del calentamiento global (IPCC, 2014). Pero si preferimos verlo con datos económicos, ya el Informe Stern sobre la Economía del Cambio Climático (Stern, 2006), mostraba que si no actuamos rápidamente para frenar el Cambio Climático, podemos llegar a perder hasta el 20% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial anual de forma indefinida.

En España, tras el letargo de los últimos años en políticas medioambientales miramos con cierto optimismo el futuro tras los últimos anuncios del Ejecutivo, como si se tratara de los primeros rayos de sol tras un duro invierno.

Si nos centramos en el modelo energético español, aún somos grandes consumidores de combustibles fósiles y, debido a que no somos productores, nuestro país sigue teniendo una fuerte dependencia energética del exterior. Estamos en un punto crítico de no retorno, vamos tarde y conocemos el alcance del problema. Se hace ahora imprescindible actuar con decisión para avanzar hacia una economía baja en carbono y un cambio profundo de nuestro modelo energético menos dependiente y nocivo, en el que se priorice la apuesta clara por las energías renovables y la eficiencia energética.

En el periodo anterior, con la crisis financiera como excusa, se suspendió el apoyo a las energías renovables, aprobándose una moratoria sobre las primas de nuevos proyectos de renovables e introduciéndose en el año 2012 un impuesto a la generación de electricidad, en un intento fallido por abordar el elevado déficit tarifario. Como consecuencia de estas medidas, se produciría una caída de las inversiones en renovables a nivel nacional y un estancamiento en la producción energética nacional. La suspensión del impuesto del 7% a la generación eléctrica anunciado en el Congreso por la Ministra Teresa Ribera, junto con la clara voluntad del Ejecutivo de acometer una reforma profunda de nuestro modelo energético, resulta positivo y esperanzador, confiemos en que se materialice, cuanto antes, en acciones concretas.

Afrontamos una época crítica en la que identificar bien los retos y las líneas de acción se convierte en una cuestión primordial para nuestro futuro. El estímulo a la transición hacia una economía baja en carbono y el impulso de las inversiones de energía renovable, son fundamentales para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París y disminuir, tanto nuestra dependencia energética exterior como la incidencia sobre el Cambio Climático. Por otra parte, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la transición energética generará cuatro empleos por cada uno que destruya en el proceso de descarbonización de la economía. En este sentido, cuanto más se tarde en actuar, mayores serán los desafíos tecnológicos, económicos, sociales e institucionales que se deberá enfrentar en el futuro. Como indicaba Hasen, reconocemos que tenemos un problema, ahora tenemos que acordar como buscar la solución.

 

María Gálvez del Castillo Luna.
Oceanógrafa y ambientóloga.